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Catarros de verano,

una trampa para la gente mayor

En primavera y verano, nuestra ansia por disfrutar de las nuevas horas de sol y el aire fresco nos suele llevar a cometer ciertos descuidos que nos arrastran a contraer catarros bastante peliagudos. En verano suele haber una diferencia térmica entre el día y la noche, también son peligrosas las corrientes de aire frío o caliente, la sudoración, la entrada y salida en espacios climatizados, el ventilador o aire acondicionado para dormir. Una tarde de tormenta nos cae un aguacero encima, luego bajan las temperaturas producto de la tormenta y nos encontramos de pronto ante una situación de riesgo elevada.

 

El resfriado es una infección leve de nariz y garganta que lo pueden causar más de 200 tipos distintos de virus, mientras que la gripe es una infección de las vías respiratorias causada por un el virus influenza. Conocer las diferencias entre el resfriado común y la gripe ayudará a poner un tratamiento y evitar complicaciones como la neumonía.

 

Estornudos y tos son las características principales de los catarros de verano; a veces también pueden iniciarse por una reacción alérgica a algún tipo de polen y acabar complicándose. En el caso de las personas mayores es un gran riesgo que puede desencadenar una neumonía o proceso infeccioso grave, donde los descongestivos y antitérmicos ya no serán eficaces.  La tos y los estornudos exigen un esfuerzo muscular que contribuye a incrementar la sensación de fatiga y malestar en personas de edad avanzada. 

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